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Ariel Guzik. Máquinas poéticas

1 mayo 2013
Sección: Artista Invitado

Por Nuri Richards

Además de las piezas de las que ya se ha escrito algo como “Nereida” y el espejo Plasmath (que cariñosamente él llama su hija); en las paredes de su casa se disponen enmarcadas piezas que sirven como referencia para entender el desarrollo de este artista: el  grabado de la cocina, un auto retrato que describe la sensación que genera su presencia y sobre todo, la postura de su producción.

Para él, la expresión artística, la música, la capacidad de curar, la Física, la Biología y el arte en general pueden ser integrados como proyectos únicos. De esta filosofía nacen máquinas cuyo sonido es producto de la captación, amplificación y concentración de campos electromagnéticos provenientes de seres vivos, el medio ambiente y todas las cosas que nos rodean. Su relación con la física clásica y la mirada son el eje formal de su vida; el espacio entre él y ellas es el terreno en el que piensa y construye su producción, un lugar en el que descansa su necesidad de correspondencia con el mundo.

En el libro “La rebelión de Atlas” de Ayn Rand, la sociedad encuentra su límite a los aportes de la Revolución Industrial al reducirse ésta en una carrera indiscriminada por la producción de objetos extensivos de las necesidades humanas creadas a partir de la era de la industrialización y la reproductibilidad infinita. Como contrapunto a este contexto, podemos reconocer en Ariel Guzik a un artista cuyo trabajo no responde a la generación masiva de obra ni a la demanda del mercado; sino a la mayor comprensión del entorno en que se desenvuelven sus máquinas sonoras. Estas capturan las vibraciones de los rayos del sol, establecen comunicación con las ballenas y develan el sonido del Cárcamo de Dolores. Por esta razón sus piezas trasmiten vida en el sentido más primario, son objetos que hacen necesaria y absoluta la energía de todo lo que ellas no son.

 A través  de un proyecto curatorial de contextualización (Anfítitre) iniciado en 2012, tuve la oportunidad de hablar con críticos, teóricos y coleccionistas sobre la obra de Ariel Guzik; y aunque en el “medio del arte” las menciones sobre sus máquinas son breves y discretas, la mayoría del tiempo éstas son siempre desde una descripción funcional. En octubre del 2012 un coleccionista mexicano me hizo la observación de que la “Cámara Lambdoma”, de la cual no recordaba el nombre del autor y que anotó como “la pieza que convive con el mural de Diego Rivera en el cárcamo de Dolores…”; no le parecía considerable para ser nominada como pieza (de arte). Con su presentación en la 55va. Bienal de Venecia se sugiere la validez de esta y otras máquinas mediante fundamentos teóricos y curatoriales los cuales usan este escenario internacional para continuar el proceso de negociación intercultural entre los artistas que producen en nuestro contexto y el circuito global del arte. La intención de este texto es contribuir a tal fin.

Si bien hay una duda general desde la cuestión arte / no arte en relación a las cualidades de definición en el objeto y producto de las máquinas de Ariel Guzik; no debe sostenerse esta duda sobre paradigmas formales como su estructura y función, sino en el hecho de que es justo esta estructura la que les permite ser funcionales. Las Máquinas son instrumentos de interacción y de interpretación del ambiente elemental de las personas; y en la última de las interpretaciones, la fuerza de la Revolución Industrial y la física, aplicadas en la dirección opuesta de la producción seriada de objetos. Más que máquinas son instrumentos; pues su situación de “máquinas” implicaría una reproducción contínua de objetos utilitarios de acuerdo a una jerarquía de necesidades en donde la producción masiva básica es susceptible al orden fisiológico tangible. Son piezas únicas complicadas en su construcción y nobles en su naturaleza, las cuales permiten la comunicación con un mundo aparentemente inanimado. La cualidad intangible de las ondas senoidales y otras dinámicas físicas con las que trabaja esta obra las ubica en el plano de lo existente más no de lo utilitario; objetos poéticos que traducen lo intangible en sonido y a veces en imagen, que permiten en su brevedad hacer presente y hacernos presentes en la realidad física de la dimensión en la que existimos.

Con los Resonadores Armónicos de Cuarzo uno espectador entra en una instalación y se vuelve usuario y elemento. En el caso de La TV del más allá somos la fuerza del mecanismo que nos faculta para ver más allá de lo evidente. La Cámara Lamdoma (Cárcamo de Dolores /Museo de Historia Natural, México D.F.) nos convierte en espectador-testigo de la energía natural hecha sonido; no sólo el agua, sino el viento, los movimientos de la Tierra y el sol, son elementos que transitan a través del instrumento para ser escuchados en la forma de voces resonantes y nos recuerdan que estamos hechos de agua y de energía solar.

Tenemos como resultado, un grupo de piezas de instalación, sonoras y con carácter perfomativo donde no necesariamente el “yo” persona es el núcleo. Al final son construcciones maquínicas con finalidades poéticas que traducen la sutil energía de la vida en una presencia evidente, transgrediendo el juicio de utilidad en el arte y en la tecnología sin requerir de enunciación curatorial alguna para concretarse. Su nominalidad como obra se define en la poética que produce desde su propia naturaleza, una sutil manera de regresar al hombre su vínculo con el universo que le rodea.

Con la curaduría de Itala Schmelz, Cordiox es una máquina de cuatro metros de altura que hará una descripción sonora de la iglesia de San Lorenzo, en Italia, para representar a México en la 55 Bienal de Arte de Venecia. Después de participar con varios proyectos en México (Mar de Baja California; Atrio de San Francisco, Ciudad de México) y en el extranjero (Bienal de La Habana 2003 y la Feria Internacional de Arte ARCO 2005) queda; a partir de esta participación, medir cuál es su impacto en colecciones y galerías, eslabones necesarios dentro del complejo proceso de ecosistematización que se anuncia para el arte que sucede en México con relación al mercado internacional del arte contemporáneo.

Se intuye que esta invitación es el inicio de un proceso más largo en la interpretación de su obra pues involucra una política cultural de Estado: si el mensaje con Teresa Margoles en la Bienal anterior era el de una sociedad basada en la necropolítica, con Ariel Guzik se evidencia un valor por lo sensible humano alejado del esquema tradicional de producción capitalista, uso-beneficio. ¿Es necesario o incluso deseable que esto suceda?

La respuesta la da el mismo Guzik en entrevista a un medio nacional: “La ciencia, tal como es ahora, busca desentrañar misterios, en tanto que nuestra forma de investigación intenta, por lo contrario, preservarlos. Este trabajo forma parte de una propuesta de reencantamiento ante un entorno crecientemente violento, avasallador”. Su búsqueda recupera la capacidad de asombro y contemplación ante fenómenos que dejamos escapar y, en particular, por dar voz al entorno natural que nos rodea. “Es apostar por la contemplación con una intención humanista, sin pretensiones discursivas y al margen de las corrientes conceptuales y el mercado del arte”, concluye.

Ficha de la Bienal

MEXICO

Cordiox

Ariel Guzik

Commissioner: Gaston Ramirez Feltrin. Curator: Itala Schmelz. Venue: Ex Chiesa di San Lorenzo, Campo San Lorenzo

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